miércoles, 29 de agosto de 2012



Segregación de Alcóntar del municipio de Serón.  Deslinde y amojonamiento (1888-1889)

En la segunda mitad del siglo XIX y al amparo de La Ley Municipal de 20 de agosto de 1870 y la Real Orden de 26 de febrero de 1885, muchas aldeas y villas, agregadas a otros tantos municipios, verán una oportunidad para que, justificando determinadas exigencias, puedan convertirse en municipios constitucionales con Ayuntamiento propio, segregándose del municipio matriz.

A final de 1887 y al abrigo de estos preceptos, los vecinos de las Diputaciones de Alcóntar, Sahuco, Aldeire y parte de los vecinos de las Diputaciones de la Manaca y el Hijate, solicitan, ante la Diputación Provincial de Almería  (encargada de resolver y tutelar la formación de nuevos Ayuntamientos), la segregación del  municipio de Serón.


El artículo 5 de la Ley Municipal indica que “la segregación de parte de un término para constituir un Municipio independiente puede hacerse mediante acuerdo de la mayoría de los vecinos interesados y sin perjudicar intereses legítimos de otros pueblos”. La Real Orden de 26 de febrero de 1885 determina los documentos que deben ser adjuntados a todo expediente de segregación, y que, en nuestro caso, fueron los siguientes:

  1. Instancia suscrita por todos los vecinos que pidan la segregación. Debía ir acompañada por una certificación del Secretario del Ayuntamiento de Serón, D. Fermín Cobos Cano y visada por el alcalde, D. Antonio Corral Domene, donde  se hacía constar la vecindad de los firmantes.
  2. Certificación del Secretario del Ayuntamiento, visada por el alcalde, del número total de vecinos de Serón.
  3. Igual certificación respecto de la parte del término de Serón que se quiere segregar.
  4. Informes del Ayuntamiento de Serón  y de todos los pueblos limítrofes.
  5. Un croquis del terreno a segregar.
Aunque la solicitud como tal no se conserva (así me lo aseguran en los distintos archivos provinciales de Almería), en ella los vecinos debían argumentar las razones para la formación del nuevo Ayuntamiento con capitalidad en Alcóntar. Una de las razones tuvo que ser la distancia a Serón y la dificultad para que los concejales asistan a los plenos, especialmente en invierno, donde los caminos de acceso se ponen intransitables. Se argumentaría también la existencia de una iglesia parroquial (siglo XVIII)  y cementerio en Alcóntar  que evitaría molestias, en caso de incomunicación, a aquellas personas que para realizar el oficio religioso tuviesen que desplazarse hasta Serón.

El 14 de junio de 1888,  la Diputación Provincial de Almería inicia la tutela para la creación del nuevo  Municipio de Alcóntar, nombrando un Ayuntamiento interino que realice todo el proceso hasta que se lleven a cabo, finalmente, elecciones municipales.  El Ayuntamiento se constituye el día 17, siendo presidido por el alcalde interino D. José Mesas Molina, actuando como secretario D. Justo Oliver y Oliver.  El resto de los señores del Ayuntamiento fueron: D. Antonio Domene Domene Sánchez (primer teniente de alcalde), D. José Blanque Domene (segundo teniente de alcalde), D. José Antonio García García (procurador síndico), D. Francisco Castaño Domene, menor (procurador síndico suplente), D. Manuel Pérez Yélamos (primer concejal), D. Antonio Loaisa Lozano (segundo concejal) y D. Diego Herrero Yélamos (tercer concejal).

                                Primer Ayuntamiento interino de Alcóntar, 2º semestre de 1888

El 9 de noviembre, la Comisión de Fomento de la Diputación Provincial de Almería, formada por los diputados D. Francisco Flores Grima, D. Aureliano Requena y D. Emilio Gómez, emite informe favorable para que se segregue, del término de Serón, la parte correspondiente de las diputaciones a que alega el recurso.   A la vista de este informe, y en sesión de 10 de noviembre de 1888, la Diputación, presidida por  el Gobernador Civil D. Justo Tovar y Tovar, acuerda aprobar la segregación del término de Alcóntar del Municipio de Serón.  Al mismo tiempo insta a que se aplique el artículo 6 de la Ley Municipal: “los interesados señalarán las nuevas demarcaciones de terrenos y practicarán la división de bienes, aprovechamientos, usos públicos, sin perjuicio de los derechos de propiedad  y servidumbres públicas y privadas existentes”. 
El acta de la reunión aparece firmada por el Sr. Tovar y los diputados Sr. Casinello y Sr. Requena.


Parte del acta donde la Diputación Provincial de Almería aprueba la segregación
   (10 de noviembre de 1888)

En las sesiones de 23 y 24 de diciembre de 1888, el Ayuntamiento de Alcóntar ratifica al Sr. Mesas Molina como alcalde, nombrando distintas comisiones. Entre ellas, se constituye  la Comisión de Hacienda, encargada de elaborar el proyecto de Presupuesto de Alcóntar para el bienio 1888-1889, y la Comisión de Deslinde formada por el propio alcalde y los concejales  D. Antonio Domene  Domene  Sánchez y D. José Antonio García  García.

Paralelamente, el Ayuntamiento de Serón, en sesión de 2 de mayo de 1889, faculta a su hombre de confianza, D. Antonio Herrerías Herrerías, para que se desplace a las oficinas provinciales de Almería e inste a la Diputación para que “en evitación de perjuicios y entorpecimientos ulteriores, tenga efecto, cuanto antes, la designación fija de límites entre la jurisdicción de Serón y la que ha de pertenecer a Alcóntar”.

El proceso de deslinde y amojonamiento se lleva a cabo los días 17, 18 y 19 de junio, siendo supervisado por  D. José  María Muñoz y Calderón, persona designada por la Diputación.  El 27 de junio, el Gobernador Civil  aprueba, definitivamente, el deslinde entre las nuevas jurisdicciones.

En 1889, el Depositario del Ayuntamiento de Alcóntar era D. Diego Mesas Pérez

Al proceso de segregación aún le quedaban flecos pendientes por resolver, entre ellos, el reparto de la riqueza, aspecto complicado para poner de acuerdos a ambos municipios.  Ante la renuncia, el 22 de julio de 1889, del secretario Sr. Oliver, el Ayuntamiento  de Alcóntar nombra, como secretario interino, a D. Pedro Martínez López, persona que abandona el cargo el 9 de agosto. Estaba claro que se necesitaba un secretario con experiencia, buen asesor y con el compromiso de estar varios años en el Municipio. En mi opinión,  el alcalde José Mesas Molina hizo un buen fichaje al proponer como Secretario a D. Fermín Cobos Cano, persona que hasta final de mayo había ejercido en Serón.

Como el Ayuntamiento de Serón se retrasaba en pasar, al Ayuntamiento de Alcóntar, los antecedentes estadísticos referentes a Alcóntar junto con el cupo de consumos y la parte proporcional del repartimiento de inmuebles, el 23 de septiembre se comisiona al secretario, Sr. Cobos, para que se desplace a Almería y realice las gestiones oportunas tanto en la Diputación como ante el Sr. Delegado de Hacienda. En su ausencia, la labor de secretario la realizaría su hijo, D. Fermín Cobos López, que actuaba como oficial de la Secretaría. Sin las certificaciones correspondientes del Ayuntamiento de Serón, el nuevo Municipio de Alcóntar no podía formalizar el apéndice de amillaramiento (catálogo de los bienes y rentas de los contribuyentes) y, por tanto, no podían recaudar nada. Este proceso se cerraría bien entrado 1890.

Quiero terminar indicando que, en pleno  proceso de segregación, el Gobierno de España publica el Real Decreto de 30 de agosto de 1889 por el que se insta a todos los municipios a hacer la actualización de sus líneas divisorias  junto con la ratificación o  fijación de mojones. Para ello, cada Ayuntamiento debía constituir comisiones de seguimiento y verificación, enviando  el acta final tanto al Gobernador Civil como al Delegado de Hacienda de la provincia respectiva.

Alcóntar constituye su comisión el 7 de octubre de ese mismo año, quedando formada por el alcalde  José Mesas Molina, el secretario Fermín Cobos Cano, los concejales Antonio Domene Domene y Manuel Blanque Requena y los peritos-vecinos  Manuel Corral López y Francisco Lozano Lorente,  conocedores de los puntos en que radican los límites de éste término jurisdiccional.

La comisión empieza a actuar el 21 de octubre, a las 9 de la mañana, en la zona de Los Santos, quedando citadas las comisiones de Serón y la de Alcóntar a las 9 de la mañana para ratifican el mojón divisorio de Gérgal, Serón y Alcóntar.  Ese mismo día la comisión de Alcóntar  baja hasta el río de Aldeire, pasando después por la Hoya del Cerrico Clavero, Cortijo Martín, Cerro de los Corzos hasta terminar en el Collado Hermosa.  El proceso de renovación de mojones se completa los días 22, 23 y 24 de octubre, enviando el acta definitiva el 4 de diciembre de 1889.

                         Acta final del proceso de renovación de mojones llevado a cabo por Alcóntar, 
                                    de conformidad con el Real Decreto de 30 de agosto de 1889

Referencias:
1.      Actas de sesiones del Ayuntamiento de Alcóntar.
2.     Actas de sesiones del Ayuntamiento de Serón.
3.     Archivo Histórico Provincial de Almería (deslinde y amojonamiento de Alcóntar, 1889).
4.     Archivo  Provincial de la Diputación de Almería (segregación de Alcóntar, acta sesión 10-11-1888).

lunes, 27 de agosto de 2012


El Cine "España" de Serón

Un lugar de entretenimiento para los seronenses de la posguerra
(publicado en el número 46 de la revista Al-Cantillo)

Estoy en la plaza del Ayuntamiento, frente a la actual Casa de la Cultura, en cuyos soportales está la sede del “Hogar del Pensionista”. Recuerdo que en su lugar, antes, existió el viejo cine del pueblo, el cine España, uno de los lugares más populares de encuentro y entretenimiento para toda la familia. ¡Cuántos domingos de mi infancia me senté en sus butacas! En mi mente quedan vivos los recuerdos de su magia. Porque ir al cine era mucho más que ver una película, era todo un ritual. La sesión comenzaba con el noticiero del NO-DO, obligatorio en aquellos tiempos, seguido de la película anunciada. Muchos paisanos recuerdan  “Escuela de Sirenas” y a su bella protagonista Esther Williams; las escenas en traje de baño estaban censuradas.


Antes de la guerra civil, también había cine en Serón, se llamaba Cine Villaespesa, en honor al poeta y dramaturgo almeriense D. Francisco Villaespesa, natural de Laujar de Andarax. En sesión del día 19 de julio de 1931, y ante la petición de D. Epifanio Fernández Pozo y D. Antonio Fernández Corral, dueños del Cine, la Corporación acuerda ceder gratuitamente y para la temporada de verano, los bancos propiedad del Ayuntamiento, comprometiéndose dichos señores a dar una función a beneficio de los obreros parados todos los sábados. Durante la guerra civil, aunque con menor regularidad, se siguió proyectando cine en la Ermita de la plaza de Arriba.

En agosto de 1939, el entonces alcalde de Serón, D. José Martínez Santiesteban, rehabilita el cine de la plaza y se le cambia el nombre. A partir de ese momento se llamaría “Cine España”, proyectándose películas de las distribuidoras: Atlantic-Films; Paramount-Films, S.A. y Radio Films, S.A.
A partir de diciembre de 1939, se firma un acuerdo con la distribuidora Cifesa (Compañía Industrial Films Española, S. A.).

                               Carta de Cifesa a los empresarios del Cine España, en octubre de 1939

La programación de películas en el primer semestre de 1940 fue la siguiente:
Canto del Ruiseñor (04-02); Nobleza Baturra (24-03); El Gato Montés (07-04); Cura de Aldea (21-04); La Hermana San Sulpicio (02-05); Morena Clara (23-05); La Hija del Penal (30-06).

Las películas venían acompañadas de documentales propagandísticos del año de la victoria (1939). Entre estos documentales estaban:
Santander es España, Entierro del General Mola, Sevilla rescatada, Desfile de la Victoria en Valencia, Frente de Aragón, La gran victoria de Teruel. Concretamente, hacia finales de diciembre de 1939 se proyectó el documental Hacia la nueva España.

En el cine se bebían “gaseosas”. La taquilla de los años 50 estaba por dónde hoy entramos al bar y las películas se anunciaban por carteleras y también por la megafonía del cine, en las funciones anteriores.
Desde el 23-02-1942 al 02-01-1959 el alcalde de Serón fue  D. Francisco Domene Martínez, conocido como  “Paco Tocina”. Como relata el Sr. Ávila en  seron.tv, “el alcalde llegaba al Cine, visitaba la taquilla y, cuando se dirigía para ocupar su asiento, sacaba un pañuelo blanco del bolsillo superior de su americana y ésta era la señal para que comenzara la proyección”.



Parte detallado con las películas exhibidas durante el tercer trimestre de 1959

Entre los años 1945 y 1948, la concesión del cine la tuvieron D. José Jiménez Vergara (Pepe “el de Julio”) y D. Antonio Cano Gea (Antonio “Levita”). El precio de la entrada era de 2 pesetas. Las proyecciones tenían muchos cortes porque cada vez que se terminaba un rollo de película había que cambiarlo por el que seguía y, en esto, se tardaba varios minutos. La cinta se reventaba de vez en cuando y para hacer los ajustes había que cortar un pedacito de la cinta, volviendo a unirla con acetona. La gente se desesperaba y la mayoría se ponía a gritar y a silbar.
Las filas estaban formadas por varias sillas de anea, unidas por barras. Detrás de la pantalla había algunos asientos a precio más económico, era el “gallinero”. Naturalmente, los rótulos los veían al revés.  Las proyecciones las hacían Julio Jiménez, su hijo Pepe  y  el “Cuco”.

Con objeto de atraer a los vecinos, después de cada proyección, se apartaban las sillas y se montaba un baile de una hora aproximadamente, con música amenizaba por el clarinete y saxofón de Pepe “el de Julio”.
También había representaciones de compañías de teatro clásico, por ejemplo, la compañía ambulante Genoveva de Brabante y también revistas (payasos, prestidigitadores,  cantantes de copla,…). Tanto las películas como los artistas llegaban al pueblo en el tren (el “frutero”). Normalmente, un 70% de lo obtenido en taquilla era para la compañía y el resto  para el empresario del Cine. Sobre 1948, el cine se encontraba muy deteriorado, cayéndose parte del techo, por eso, dejaron de proyectarse películas durante algún tiempo.
Durante el año 1954, el cine se volvió a renovar y la concesión la tomaron los cuñados D. Antonio Carrillo Jiménez y D. Davíd Martínez.



En este documento, el empresario del Cine España solicita, a la Delegación Provincial de Almería, la aprobación de la programación presentada.

Los días “señalados” se hacía baile, actuando, fundamentalmente la orquesta “Pepe” desde 1956. Estaba formada por Pepe “el de Julio”, D. Enrique Torreblanca Sorroche “Maqueque”, D. Epifanio Domene Corcera “Marconi”, D. Antonio Jiménez Herrerías “Antoñín” y Paco “el Currillo”. Últimamente se incorporarían dos nuevos músicos: D. Francisco Camacho que tocaba el contrabajo y D. Néstor Ávila la trompeta.
Tengo constancia de que durante la segunda quincena de septiembre de 1956, y con la dirección del maestro D. Miguel Zubeldia y su mujer “Doña Pepa”, se hizo una representación teatral donde participaron una gran cantidad de niños y niñas entre 6 y 11 años. La recaudación fue destinada a la Iglesia.

Quiero terminar indicando que todo el proceso de proyecciones y espectáculos, en el Cine, era controlado por la Delegación Provincial de Almería del Ministerio de Información y Turismo, vía un Inspector de espectáculos en Serón. Normalmente, esta labor la realizaba un oficial administrativo del Ayuntamiento que se encargaba de comunicar, a principio de cada mes, las películas proyectadas, velar por el cumplimiento de la normativa y comprobar que los empresarios pagaban las tasas establecidas.
El cine estuvo funcionando hasta, aproximadamente,  1975.

lunes, 20 de agosto de 2012

Recuerdos y vivencias de mi infancia en Albanchez


La década de los años 60 está marcada por acontecimientos históricos importantes. Entre otros,   el asesinato de J. F. Kennedy (1963) y la llegada del hombre a la Luna (1969). Más cercano a nosotros, el accidente de Palomares (1966), el triunfo de Massiel en Eurovisión (1968) y la llegada de la televisión, el frigorífico y el primer seiscientos a vuestro pueblo.
Mi infancia está unida a Albanchez y, en particular, a la vieja Casona que sirvió de acuartelamiento a la Guardia Civil y a sus familias, durante muchas décadas. Cada vez que  regreso al pueblo, ese edificio siempre me sigue sorprendiendo y  no dejo de contemplarlo. Algunas instantáneas me vienen a la mente: La “sala de puertas”, sus largos pasillos, la escaleras de subida a la primera planta, las cocinas, los aseos, la gran palmera, las acacias (desde entonces, uno de mis árboles preferidos) y  mi habitación donde pasé el sarampión.

Era el año 1961. Llegué a Albanchez una tarde de junio, en un viejo camión que transportaba los pocos enseres que mis padres tenían, aunque ellos llegaban cargados de juventud, con muchas ilusiones, con un pequeño de dos años y, al mismo tiempo, con ese miedo a lo desconocido. Allí nos esperaban el cabo Valentín Gutiérrez y los guardias  Juan Fornés, Juan Hermosilla, Amador Sánchez y Joaquín Padilla, junto a sus familias.
Los años han ido pasando, Dios! con qué rapidez.  ¡Cuántos recuerdos acumulados! Revivir vivencias pasadas por el tiempo resulta gratificante. Nunca olvidaré las montañas de naranjas en el rio, los caños, el lavadero, la Lola (hija de la tía Teodora) con su taberna-posada junto al Cuartel, la llegada de la Alsina con Rafael el “Ico” como conductor de primera en la “Cuesta de la Virgen”, la cochera del Rada (todavía se conserva), las serrerías de mármol de Humberto Blanco y Antonio Sánchez, la panadería, el molino de harina, el “cortijo del Cubico”, la fábrica de D. José Crisol, La Palmera, el Castellón, las correrías de niñez con Paco el de la “Paula”, Emilio (su familia tenía una carnicería), Valentín, Juan de “Emilia”, Juan de “Amador”, hijos del “Cuca”, el de la almendra, Luis, Pedro de “D. Bartolomé”, Eliseo y muchos más que no recuerdo bien. Como olvidar el bar del “sacristán” enfrente de la tienda de González. Para ver Bonanza y el Fugitivo, necesitábamos llevar cuatro pesetas para tomar una coca-cola.

Familia Castaño-Iglesias en Albanchez (1969)

Al lado de la taberna de Lola vivía Eugenio, hombre que pasó su vida en Argentina trabajando en el ferrocarril y que regresó a Albanchez cuando se jubiló. A todos los niños del Cuartel nos gustaba ir a visitarlo, era un hombre amable que siempre tenía algo que contarnos. Un día le vi enterrar naranjas en su jardín, más tarde comprendería que quería conservarlas para cuando no hubiese en el naranjo.
En Albanchez nacieron mis hermanas Remedios y María del Pilar y en Albanchez, aprendí a leer y escribir y recibí mi primera comunión. Recuerdo que, sobre 1965, la escuela de niños estuvo en un local al lado de la Farmacia de D. Gonzalo Álvarez de Castro. La escuela de niñas estaba en una casa, con una pequeña escalera de acceso, cerca de la casa del médico D. Ramón Martos Aybal. Cuando se construyó el grupo escolar, en la parte más alta del pueblo, tanto niñas como niños nos trasladaron a la nueva escuela. Tengo gravada en mi mente, la mañana del 17 de enero de 1966, cuando estando en el recreo, entre juegos y patadas al balón, contemplo la caída de dos aviones, envueltos en llamas, muy cerca de nosotros. Se trataba del accidente entre aviones de la fuerza aérea norteamericana, conocido más tarde como el “accidente de Palomares”.
En Albanchez aprendí a escribir a máquina. Nos impartía clases una señora  alta, no recuerdo su nombre pero creo que era hermana de D. Emilio, secretario del Ayuntamiento. Esta señora se encargaba también de la Oficina de Telégrafos y conservo un grato recuerdo de ella.
En el curso 1968-1969, comienzo a estudiar en el Instituto de Cantoria.  Diariamente nos bajaba, en una furgoneta DKW, un señor de Cantoria llamado Basilio Saéz. Recuerdo que regresaba a casa mareado, con el olor a gasoil en los pulmones y la cabeza dando vueltas por la multitud de curvas.
Otro hecho que marcaría la vida de mi familia se produjo el 21 de octubre de 1967, en las proximidades del “puente de hierro” de Cantoria. En ejercicios de tiro de la Guardia Civil, se produjo un accidente donde mi padre fue uno de los afectados graves. Esto sería el detonante para que, años más tarde, mi familia dejara Albanchez y nos trasladásemos a Almería.

Procesión de S. Roque (1965)
De izquierda a derecha: D. Gonzalo (farmacéutico), D. Antonio Roldán García (alcalde), D. Juan Fornés (guardia), D. Antonio Alonso Alonso (sacerdote), el "Cubillas", D. Valentín Gutiérrez (cabo), mi padre,  Florencio Castaño, con gafas de sol y D. Manuel de las Heras.

Hoy, víspera de la fiesta de San Roque, cierro los ojos y veo, por el espejo retrovisor, con querencia, aquellos años felices entre naranjas, de juegos en el rio, visitas a la balsa del “cubico”, a la reciente inaugurada gasolinera, el traslado de San Roque desde la Ermita a la Iglesia de la Anunciación. Mi recuerdo a los amigos de infancia que ya nunca te encontrarás  y también a los ausentes, en especial, a mi hermana Remedios que correteó por los alrededores del Cuartel y aprendió sus primeras letras y números con la maestra Dª Carmen.

¡Mis saludos para el Pueblo de Albanchez ¡
  Adelante.